lunes, 2 de diciembre de 2013

Navegar en ti


Tu silueta es el horizonte, tus cabellos las olas del mar, tu mirada la inmensidad del océano, tu boca el dulce susurro del viento… y yo quiero sumergirme en tu cuerpo, sentirme mecido por su calidez y navegar por tus sentimientos.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Me perdí


Hoy, por fin, te he visto, apenas unos segundos, el tiempo que tardabas en abrir la puerta del portal de la que era, hasta hace poco, nuestra casa, en la que ya no podré entrar. Te hice tanto daño que sólo con recordar tus lágrimas lloro por los dos. Te quise, te quiero y te querré, pero de nada valdrían mis palabras. Fui un estúpido, un engreído, un egoísta y mil cosas más. Ahora sólo puedo mirarte en la distancia o imaginarte: cuando éramos felices, cuando tus ojos eran mi cielo y tu boca mi locura. Me perdí y te perdí. Mi cielo, deseo con todas mis fuerzas que puedas ser feliz, yo no lo podré ser nunca más.

jueves, 21 de noviembre de 2013

El tulipán y la margarita


Una helada mañana invernal brotó en el jardín una pequeña margarita y, con los primeros rayos de sol, la flor se abrió. A su lado un sorprendido tulipán exclamó –¡Margarita, no deberías haber nacido ahora, la helada de la noche te matará!, y la margarita respondió –Es la semilla la que decide. Al caer la noche empezó a helar, la margarita sintió un frío intenso que quemaba, al tulipán que la observaba entristecido se le ocurrió que quizás doblándose pudiera cubrir a la margarita, pero vano el intento, su tallo era demasiado rígido, ya casi desesperado por la situación decidió soltar uno de sus pétalos para cubrir a la margarita. Por la mañana una leve brisa levantó el pétalo caído y el tulipán pudo comprobar, con satisfacción, que la margarita había sobrevivido. Entonces, para animarla, le contó la historia del Jacinto que se creía más bello que el Narciso. La siguiente noche el tulipán repitió la operación y por la mañana la historia de la Dalia olvidadiza le contó. Y así transcurrieron los días, pétalo va e historia viene, hasta que al tulipán ningún pétalo le quedó. Para entonces la margarita había madurado y sus semillas extendido.

Desde entonces, todos los inviernos, se produce en ese jardín una bella explosión de color con tulipanes y margaritas. Ríen y disfrutan contando historias de gladiolos, azucenas, jazmines o de la estirada flor de Pascua.


miércoles, 20 de noviembre de 2013

Lágrima solitaria


El ruido de la calle es cortado por el agudo sonar de la sirena de una ambulancia. Dentro yace ella en la camilla, apenas le queda un soplo de vida, su entendimiento, casi nublado, piensa en que no quiere ser salvada, no quiere, ni puede, vivir así… su marido la dejó por otra más joven, saco adelante a su hijo con mucho esfuerzo y dedicación, perdió el trabajo, fue desahuciada por el banco y su hijo la culpa de todo: la marcha de su padre, no tener dinero, no ser feliz… Ahora, tras cortarse las venas, todo sufrimiento acaba. Con el pitido que anuncia el final una lágrima se desliza desde su ojo. Nadie la llorará a ella, su exmarido dirá que por eso la dejó, que estaba perturbada y su hijo también la culpará de dejarle solo… ¿quién derramará una lágrima por ella?

martes, 19 de noviembre de 2013

Tengo una Amiga

Tengo una Amiga que ni huye, ni desvanece, al primer soplo de inquietud; no la esperas y aparece, la esperas y te engrandece; huele tu aroma, escucha tu palabra y atiende tu mirada; confía, ensalza, cree, ama, supera, toma, da, retorna, ... como una estrella, en la noche despejada, su brillo te acompaña siempre.

Tengo una Amiga...


jueves, 3 de enero de 2013

Cante, Toque y Baile

Título flamenco que explica gráficamente el sentir de lo que os quiero comentar.

Estas fiestas navideñas nos han permitido, a los hombres, cometer los mismos errores que el resto del año pero multiplicado por dos, con nuestras parejas, esas grandes desconocidas que son las mujeres, con nuestras respuestas a una pregunta muy simple de éllas, antes de asistir a una fiesta: ¿Cómo estoy?

Los problemas los agruparía en tres áreas: Qué decir (cante), tiempo empleado en decirlo (toque) y cómo decirlo (baile)

Cante

Como no tengamos preparada la respuesta estamos perdidos, un sudor frío aparece en la frente y, con nuestra natural fluidez verbal, apenas acertamos a decir un lacónico ─ bien ─ o, como mucho, si eres de “letras”, ─ estupenda ─

Cualquiera de las dos versiones quedará como insuficiente a sus oídos.

Si fueramos previsores, tendríamos algunas frases preparadas, para variar según el momento. Del tipo:

─ ¡Estás preciosa/bellísima/encantadora…!

─ Cada día te superas más ¡qué maravilla!

¡Ojo! Sin pasarse, ya que la demasía anularía el efecto deseado y, con frases como ─ Vas a brillar como una estrella en una noche de verano─, denotaría demasiada preparación.

Toque

El tiempo empleado en decirlo es tan importante como lo que decimos, ya que si tardamos poco recibiremos el consabido ─ muy rápido lo has dicho ─, por el contrario, si tardamos mucho, lo que recibiremos es ─ mucho te lo has tenido que pensar ─ seguido, en ambos casos, de un gesto de enojo en su semblante.

Personalmente ajustaría ese tiempo al que tardemos en analizar, con un vistazo, la “chapa y pintura” empleadas: cabello, maquillaje, manicura, vestido, zapatos…

Baile

Aquí pocos llegan, asi que, en la mayoría de los casos, ni se nos espera.

Nuestra puntuación subiría muchos enteros si esas frases corteses fueran acompañadas por una mirada intensa, del tipo “conquistador”, mientras la dedicamos una dulce sonrisa.

Estaríamos para “sobresaliente cum laude” (para los de la LOGSE: Se dice de la calificación máxima de ciertas notas) si a lo anterior añadimos algo de contacto físico. Esto es, coger suavemente su mano y hacerla girar sobre sí misma. Y ya, si le hacemos un “pase torero” de pasodoble, podremos inscribir en el calendario esa fecha, porque ella la recordará siempre.

Alto, alto… que os estoy viendo. Prohibido pasar de aquí, prácticamente ninguna estará dispuesta a 5 minutos de calentón y estropear dos horas de árduo trabajo, sino el fracaso será estrepitoso y seríamos fulminados con el ─ siempre pensando en lo mismo ─

lunes, 2 de agosto de 2010

Los palillos bailarines

Hace ahora, exactamente, un año que David paseaba por un mercado medieval. A primera vista, y para aquellos que aún no se hayan sumergido en uno de estos eventos que aturden los sentidos, con sus olores y sabores: a pan recién hecho, chorizos y morcillas, quesos, dulces…; con sus colores: capas y vestidos, tenderetes, banderolas…; con sus ruidos: el martillear del herrero en el yunque, graznidos de aves rapaces, taberneros anunciando sus viandas, artesanos vociferantes, los cascabeles de las bailarinas, el son del tambor…; y toda suerte de emociones con los malabaristas, serpientes multicolores, recuas de burros, el zoco árabe… era, como decía, para David, uno más entre los ya visitados, hasta que algo le llamó la atención en un puesto de artesanía.

Nada parecía diferenciarlo del resto, exponía el artesano pequeñas obras en madera: la típica espada y escudo para solaz de la chiquillería, juegos diversos de habilidad e ingenio, para aquellos que, como David, gustan de los retos, pequeñas figurillas de animales que parecen a punto de cobrar vida, palos y palillos de diversos colores…

Se fijó David, quizás por aquello del signo zodiacal, en un pequeño león, apenas más grande que una nuez, y sin poder reprimir el impulso lo cogió con dos dedos, o, al menos, esa era su intención, ya que la pequeña talla de madera cobró vida y saltó dando un rugido tan real que, instintivamente, nuestro querido amigo, retiró la mano. El león volvió a adoptar la postura primigenia que le había asignado el artista.

David miró alarmado al artesano, pero éste tenía la cabeza agachada trabajando en alguna obra, miró, también, a sus amigos, pero ellos estaban distraídos con una esbelta y provocativa bailarina árabe. Se dijo a si mismo: “Va, habrá sido una ensoñación”.

Pero como natural es de suyo, y en su personalidad está afianzada la curiosidad, acercó esta vez la mano a un mono del mismo tamaño. La sorpresa repitió con presteza en su ánimo, ya que, al punto de casi tocar la figurilla, ésta saltó sobre su mano, haciendo gestos y chillando, cual chimpancé enrabietado. Más sereno esta vez, David, posó suavemente al simio sobre la mesa y llamó la atención de, a su parecer, tan maravilloso artesano.

“¿Cuánto cuestan estas figurillas tan especiales?”, preguntó señalando a las ya descritas. “No están en venta” respondió con voz calmada el aludido, “¿y eso a qué es debido?”, quiso saber David, a lo que fue respondido, “En realidad nada está en venta, no sabría que precio poner y tampoco de nada me quiero desprender”, “¡Vaya, qué lástima!” exclamó, con un punto de desconsuelo, David.

“De todas formas”, prosiguió el artesano, “y dado que hoy cumples años ¿verdad?”, a lo cual, como podréis comprender buenamente, respondió, con gran sorpresa, David, “y eso ¿cómo lo sabes?”, “fácil es responder, ya que me lo ha dicho el león... y, como te decía, que no queriendo que, en este día tan señalado para ti, te vayas con las manos vacías, un regalo te voy a hacer”, tras lo cual cogió entre sus manos dos palillos de colores, de unos cinco centímetros de largo y medio de ancho, rematados por tres pequeñas láminas de madera, a modo de dedos finales.

“Verás, a estos palillos bailarines les tengo un especial cariño, ya que, en esas noches en las que la soledad hace mella en mí, toco con ellos alguna melodía sobre la mesa y ellos, que son así de inquietos, la repiten una y otra vez hasta que les enseño otra”. David, que no podía, a pesar de las maravillas vistas, dar crédito a las palabras de tan diestro, y mágico, carpintero, cogió entre sus manos aquellos pequeños bailarines y, al punto, los puso sobre la mesa, iniciando un tímido redoble de tambor. Su sorpresa creció cuando, una vez finalizado su pase, los palillos repitieron el repiqueteo machacón.

Con una gran sonrisa en el rostro, David, agradeció tan preciado presente y, con los palillos bailarines en una mano y marcando un ritmo actual en la otra, se fue tras sus amigos, perdiéndose entre el gentío.

Muchos de vosotros, llegados a este punto de la historia, habréis exclamado “¡Paparruchas!”, que, no siendo para menos, para el común de los mortales, más parece una fabulación infantil, que de un hecho cierto historia fuese. Pero no amigos y amigas, soy testigo veraz en esta parte.

Allá por el mes de abril, tal que un día como el 11, conocí a este gran personaje llamado David, en Madrid, muy lejos de sus reales, o republicanos, dominios. Fuimos, los ya mencionados, y varios amigos y amigas más, a ver un evento deportivo, de esos que, varias veces al año, representan el “Partido del Siglo”, en un bar, que el azar, por no decir la imprevisión, puso en nuestro camino.

Ahorrarme quiero los detalles del evento en sí mismo, más por escozor de los colores que por mala memoria al fin. Pude observar, volviendo al caso que nos ocupa, que, varias veces, durante el encuentro, David, se llevaba la mano al bolsillo, y de él extraía unos palillos de colores, con los cuales daba en su otra mano. Mucha importancia no le dí al hecho, ya que pensé que era una forma, como otra cualquiera, de aliviar la tensión que todos experimentábamos. Pero una vez acabado el partido, y cuando ya íbamos andando por la calle, oí un sonido ahogado que parecía provenir del pantalón de David. Este, al ver mi mirada inquisitiva, se llevó la mano al pantalón, sacando los palillos que antes había visto, llevándoselos a la mano y, ellos solos, repiqueteando esa canción que dice…

“Tot el camp
es un clam
som la gent Blau Grana
Tan se val d'on venim
Si del sud o del nord
ara estem d'acord
estem d'acord
una bandera ens agermana…”