He
ideado un sencillo test de autoestima. Por favor, necesito vuestra ayuda
para probarlo y que deis ideas para poder mejorarlo y ayudar a otros.
Así que vuestra opinión es importante.
Se empieza por el punto
uno. Si es una pregunta y contestas afirmativamente o es una acción
debes saltar al punto que está entre paréntesis. Si en un punto con
preguntas no respondes afirmativamente a ninguna pasa al punto siguiente.
Si te manda a un convento o a un concierto debéis imaginaros esa
situación, como si la hubierais realizado, y pensar en lo que os
aportaría o haría en vosotros la experiencia.
Gracias de antemano y ya me contaréis la experiencia.
Nota: ¡Virginia! Lo de Mike va dedicado a ti.
1. Miras al espejo y ves tu reflejo: ¿Te reconoces y te sonríes? (2) o ¿No te reconoces o no te gustas? (3)
2. ¿Estás satisfecho con tu vida actual? (17) o ¿Estás satisfecho pero quieres mejorar? (9)
3. ¿Has cambiado mucho? (4) o ¿Has envejecido? (6)
4. ¿La vida ha sido dura contigo? (10) o ¿Tu vida ha sido un camino de rosas? (7)
5. ¿Te has cuidado poco? (13) o ¿Has estado en un convento de clausura? (12)
6. ¿Tienes menos de 40? (9) o ¿Tienes más de 40 y menos de 60? (8) o ¿Tienes más de 60 y menos de 80? (18)
7. ¿Has ganado mucho peso? (11) o ¿Tienes buen peso? (14)
8. Asume tu edad (10)
9. Vete a un concierto de los Rolling Stones (12)
10. ¿Haces ejercicio moderado? (16) o ¿Vas mucho de cañas? (19)
11. Vete a un convento de clausura (5)
12. ¿Estás mejor que Mike Jagger? (1) o ¿Te ves algo avejentado? (8)
13. Vete a un balneario (7)
14. ¿Te ves mejor que Carmen de Mairena? (15) o ¿Te ves mejor que Chiquito de la Calzada? (6)
15. Eso era fácil y estás jugando sucio (11)
16. Haces una buena dieta (19) o Te pones hasta el culo (11)
17. ¡Sigue así y no me hagas ni caso!
18. Haz lo que te dé la gana y ¡vive! (19)
19. ¿Has sonreído un poco? (20) o ¿No te ha hecho gracia? (11)
20. Vuelve a mirarte en el espejo (1)
jueves, 10 de julio de 2014
miércoles, 9 de julio de 2014
Querer, Enamorarse, Amar
Para hablar de estas tres cuestiones, tan
distintas y tan iguales, que no sabemos dónde empieza una y dónde acaba
la otra, lo voy a hacer desde el “corazón”, dejando de lado la
bioquímica o la psicología, por tanto, desde la experiencia personal.
Vaya por delante que quiero a muchas personas, amo o siento amor por unas pocas y quiero, estoy enamorado y amo a una sola. Así que, como podéis comprobar, considero al enamoramiento como la bisagra sobre la que giran las otras dos y que el sentimiento perfecto es aquel que engloba a los tres.
Se puede querer y amar a muchas personas, empezando por los hijos, padres y demás familiares y, siguiendo, con los amigos, pero estos tipos de querer o amar no son el objeto de lo que quiero tratar, así que me circunscribiré a lo que podemos sentir hacia aquellos que queremos que sean o que son nuestra pareja, sea ésta del sexo contrario o del mismo.
Querer a otra persona comporta el sentirnos a gusto a su lado, con una cierta dosis de atracción o afinidad física, intelectual y emocional, desarrollando hacia ella afecto, compasión y apego. Cuando se quiere deseamos dar y recibir: cariño, estímulos intelectuales, caricias, placer… Querer, sin más, es un sentimiento pausado, no excesivamente comprometido, pero que nos puede aportar mucha felicidad. Nos puede ocurrir que el sentimiento sea o no correspondido, tanto si mantenemos una relación con esta persona o, también, que no hayamos conseguido atraer su atención y se convierta en algo platónico, que tendemos a denominar amor, pero, en realidad, no puede llegar a esa categoría porque de atesorarlo en la intimidad lo desvirtuamos.
Amar significa querer con gran intensidad, es un sentimiento que se basa en la atracción y en una buena dosis de admiración, entra mucho en juego el romanticismo, la pasión y la incondicionalidad. Cuando amamos nos sentimos más plenos que cuando solo queremos, nos vincula de una forma más integral con la persona amada, se acrecienta el sentimiento de posesión y de pertenencia, la complicidad integra, el deseo ferviente de estar al lado del otro ilusiona, el tiempo parece ir más despacio en su ausencia y más rápido a su lado.
Estar enamorado es amor en estado puro, energía primigenia del universo que te hace fluir por la vida como si nada más que la persona amada importara, dándote vitalidad y alegría continua. Piensas, sueñas, comes, duermes, trabajas, corres o saltas… con la persona amada en la mente, se convierte en una obsesión que, si no es controlada adecuadamente, te puede desbordar.
Al enamoramiento, y también al amor, muchos le ponen fecha de caducidad, contabilizándolo en meses o unos pocos años, considerándolo sólo el paso previo o inicial del amor, que si no fructifica, porque la excesiva idealización del otro nos ha cegado y llega el momento en el que descubrimos que, en realidad, no es la persona que creíamos, no dará paso a un verdadero, sincero y duradero amor. Pero si esa idealización de la persona amada es reflexiva, voluntaria, aceptada y comprendida, el enamoramiento es duradero y se mantiene mientras esa pareja tenga ilusión, no dejen de sentir mariposas en el estómago y no pierdan nunca de vista las cosas importantes de la vida en pareja.
De una forma más gráfica, os pongo en una situación cotidiana. Imaginad que la tarde declina con los últimos rayos de sol y llegas a casa de la persona amada, te sientas en una silla en la cocina y, después de unos instantes de saludos, la miras como se mira a una diosa y a la persona que ocupa tu ser y tus sentidos, le hablas de su belleza, gracia o armonía, y la preguntas por cómo le ha ido el día; entonces, entrelazas las manos bajo la barbilla y la escuchas, como se escuchan las cosas importantes de la vida, porque su sentir, su bienestar, sus miedos o temores, sus frustraciones, sus alegrías… son para ti lo más importante, cada instante de su vida es una gota en la tuya, si ella es feliz tu lo eres, si sufre tienes que compartir su dolor y paliarlo en la medida de tus posibilidades, si está cansada con la mirada la tienes que transmitir serenidad, pasión y dedicación, y esa comunión, ese sentirse uno con el otro, arropado, protegido, querido, amado… la seguirá encandilando y te encandilará ella a ti.
Como visión particular que es no quiero en modo alguno sentar cátedra, ni dar lecciones a nadie, cada uno somos distintos y los avatares de la vida diaria conforman realidades distintas, simplemente quiero transmitir que querer, enamorarse y amar, a pesar de ser cosas distintas, forman una comunión alcanzable por cualquiera si nos olvidamos de nosotros mismos y pensamos, tanto como podamos, en la persona que amamos. El amor es, en último término, pensar y actuar, a diario, por y para el otro.
Vaya por delante que quiero a muchas personas, amo o siento amor por unas pocas y quiero, estoy enamorado y amo a una sola. Así que, como podéis comprobar, considero al enamoramiento como la bisagra sobre la que giran las otras dos y que el sentimiento perfecto es aquel que engloba a los tres.
Se puede querer y amar a muchas personas, empezando por los hijos, padres y demás familiares y, siguiendo, con los amigos, pero estos tipos de querer o amar no son el objeto de lo que quiero tratar, así que me circunscribiré a lo que podemos sentir hacia aquellos que queremos que sean o que son nuestra pareja, sea ésta del sexo contrario o del mismo.
Querer a otra persona comporta el sentirnos a gusto a su lado, con una cierta dosis de atracción o afinidad física, intelectual y emocional, desarrollando hacia ella afecto, compasión y apego. Cuando se quiere deseamos dar y recibir: cariño, estímulos intelectuales, caricias, placer… Querer, sin más, es un sentimiento pausado, no excesivamente comprometido, pero que nos puede aportar mucha felicidad. Nos puede ocurrir que el sentimiento sea o no correspondido, tanto si mantenemos una relación con esta persona o, también, que no hayamos conseguido atraer su atención y se convierta en algo platónico, que tendemos a denominar amor, pero, en realidad, no puede llegar a esa categoría porque de atesorarlo en la intimidad lo desvirtuamos.
Amar significa querer con gran intensidad, es un sentimiento que se basa en la atracción y en una buena dosis de admiración, entra mucho en juego el romanticismo, la pasión y la incondicionalidad. Cuando amamos nos sentimos más plenos que cuando solo queremos, nos vincula de una forma más integral con la persona amada, se acrecienta el sentimiento de posesión y de pertenencia, la complicidad integra, el deseo ferviente de estar al lado del otro ilusiona, el tiempo parece ir más despacio en su ausencia y más rápido a su lado.
Estar enamorado es amor en estado puro, energía primigenia del universo que te hace fluir por la vida como si nada más que la persona amada importara, dándote vitalidad y alegría continua. Piensas, sueñas, comes, duermes, trabajas, corres o saltas… con la persona amada en la mente, se convierte en una obsesión que, si no es controlada adecuadamente, te puede desbordar.
Al enamoramiento, y también al amor, muchos le ponen fecha de caducidad, contabilizándolo en meses o unos pocos años, considerándolo sólo el paso previo o inicial del amor, que si no fructifica, porque la excesiva idealización del otro nos ha cegado y llega el momento en el que descubrimos que, en realidad, no es la persona que creíamos, no dará paso a un verdadero, sincero y duradero amor. Pero si esa idealización de la persona amada es reflexiva, voluntaria, aceptada y comprendida, el enamoramiento es duradero y se mantiene mientras esa pareja tenga ilusión, no dejen de sentir mariposas en el estómago y no pierdan nunca de vista las cosas importantes de la vida en pareja.
De una forma más gráfica, os pongo en una situación cotidiana. Imaginad que la tarde declina con los últimos rayos de sol y llegas a casa de la persona amada, te sientas en una silla en la cocina y, después de unos instantes de saludos, la miras como se mira a una diosa y a la persona que ocupa tu ser y tus sentidos, le hablas de su belleza, gracia o armonía, y la preguntas por cómo le ha ido el día; entonces, entrelazas las manos bajo la barbilla y la escuchas, como se escuchan las cosas importantes de la vida, porque su sentir, su bienestar, sus miedos o temores, sus frustraciones, sus alegrías… son para ti lo más importante, cada instante de su vida es una gota en la tuya, si ella es feliz tu lo eres, si sufre tienes que compartir su dolor y paliarlo en la medida de tus posibilidades, si está cansada con la mirada la tienes que transmitir serenidad, pasión y dedicación, y esa comunión, ese sentirse uno con el otro, arropado, protegido, querido, amado… la seguirá encandilando y te encandilará ella a ti.
Como visión particular que es no quiero en modo alguno sentar cátedra, ni dar lecciones a nadie, cada uno somos distintos y los avatares de la vida diaria conforman realidades distintas, simplemente quiero transmitir que querer, enamorarse y amar, a pesar de ser cosas distintas, forman una comunión alcanzable por cualquiera si nos olvidamos de nosotros mismos y pensamos, tanto como podamos, en la persona que amamos. El amor es, en último término, pensar y actuar, a diario, por y para el otro.
martes, 8 de julio de 2014
Soy volcán
A veces, soy volcán cuando dices mi nombre, en luz y color me transformo porque tus labios me llaman.
Otras veces, me convierto en un estanque de aguas cristalinas en el que te puedas mirar y así retener tu reflejo.
Desde luego, para tu cuerpo, con mis caricias, seda quisiera ser y que te embargue la ternura con mi suavidad.
Asiduamente, en flor me transformaría para embriagarte con mi aroma y seducirte con mi belleza.
Continuamente, en agua me destilaría para saciar tu sed y refrescar tu cuerpo.
Acaso, si cansada estuvieras, almohada para tu sueño sería y te contemplaría hasta tu despertar.
Y siempre, si te llegas a sentir encolerizada, seré el acantilado sobre el que tus olas rompan y después, en tu calma, en reflejo de luna desearé convertirme para mecerme en tu tranquilidad.
Otras veces, me convierto en un estanque de aguas cristalinas en el que te puedas mirar y así retener tu reflejo.
Desde luego, para tu cuerpo, con mis caricias, seda quisiera ser y que te embargue la ternura con mi suavidad.
Asiduamente, en flor me transformaría para embriagarte con mi aroma y seducirte con mi belleza.
Continuamente, en agua me destilaría para saciar tu sed y refrescar tu cuerpo.
Acaso, si cansada estuvieras, almohada para tu sueño sería y te contemplaría hasta tu despertar.
Y siempre, si te llegas a sentir encolerizada, seré el acantilado sobre el que tus olas rompan y después, en tu calma, en reflejo de luna desearé convertirme para mecerme en tu tranquilidad.
El tapón de cava
Por esos azares que tiene la vida, la mía
cambió y sirvió, aunque sólo fuera por unas horas, para disfrute de unos
pocos. Soy un humilde tapón de cava, nací de la corteza de un hermoso
“quercus suber” en una preciosa dehesa
extremeña y tuve la suerte de ir a parar a una botella de un delicioso
cava. A veces, esto se convierte en algo negativo y te puedes pasar
décadas almacenado en alguna alhacena o frigorífico, pero el peor
destino que te puede tocar es que la botella a la que estás unido sea
utilizada en la botadura de un barco, ¡nunca saltarás!, estarás por
siempre unido al gollete roto de la botella.
Como decía al principio, el azar me llevó a una Fiesta Blanca, allí, el humano que descorchó la botella tuvo la ocurrencia de decir “a quién le dé el tapón será el siguiente en casarse”, lo que provocó risas y algún que otro intento de salir corriendo y escapar de ese tremendo maleficio.
En mí provocó cierta ilusión y decidí hacer lo mejor posible mi papel. Cuando me soltaron, y sentí en mi base el empuje del gas, me concentré en mantener la verticalidad y, así, coger más altura. Fue un vuelo perfecto, casi mágico, durante varios segundos permanecí en el aire, mientras notaba cómo debajo de mí la gente aguantaba la respiración. El desplazamiento lateral fue mínimo y fui a impactar a poco más de un metro de la botella, en la preciosa cabeza de una dama llamada Carmen.
Las risas y los chascarrillos posteriores nunca los olvidaré, fueron el momento cumbre de mi vida y me produjeron un gran placer y, durante bastantes horas después, tuve vida y presencia en el pensamiento humano. Fui recogido por Carmen y, cuando se marchó de la fiesta, me mostró al que había descorchado la botella dirigiéndole un guiño de complicidad.
Yo, por mi alma de corcho, no creo en maleficios, ni males de ojo, ni, tan siquiera, en que un humilde tampón pueda fijar algo del destino a persona alguna, pero en lo que sí creo es en la ilusión, en la alegría y en los buenos momentos que se pueden compartir entre amigos. Eso ha conformado mi destino y muy orgulloso estoy de ello.
Para finalizar, no contaré intimidades posteriores de Carmen y, su pareja, Javier, que las hubo y de ¡qué manera!, sólo decir que fui manoseado, cogido, sopesado, tirado al aire varias veces, ¡fotografiado! y subastado por Javier entre los de la fiesta… “El tapón del delito es subastado, precio de salida… Tu libertad”
¿Verdad que luzco elegante y feliz?
Como decía al principio, el azar me llevó a una Fiesta Blanca, allí, el humano que descorchó la botella tuvo la ocurrencia de decir “a quién le dé el tapón será el siguiente en casarse”, lo que provocó risas y algún que otro intento de salir corriendo y escapar de ese tremendo maleficio.
En mí provocó cierta ilusión y decidí hacer lo mejor posible mi papel. Cuando me soltaron, y sentí en mi base el empuje del gas, me concentré en mantener la verticalidad y, así, coger más altura. Fue un vuelo perfecto, casi mágico, durante varios segundos permanecí en el aire, mientras notaba cómo debajo de mí la gente aguantaba la respiración. El desplazamiento lateral fue mínimo y fui a impactar a poco más de un metro de la botella, en la preciosa cabeza de una dama llamada Carmen.
Las risas y los chascarrillos posteriores nunca los olvidaré, fueron el momento cumbre de mi vida y me produjeron un gran placer y, durante bastantes horas después, tuve vida y presencia en el pensamiento humano. Fui recogido por Carmen y, cuando se marchó de la fiesta, me mostró al que había descorchado la botella dirigiéndole un guiño de complicidad.
Yo, por mi alma de corcho, no creo en maleficios, ni males de ojo, ni, tan siquiera, en que un humilde tampón pueda fijar algo del destino a persona alguna, pero en lo que sí creo es en la ilusión, en la alegría y en los buenos momentos que se pueden compartir entre amigos. Eso ha conformado mi destino y muy orgulloso estoy de ello.
Para finalizar, no contaré intimidades posteriores de Carmen y, su pareja, Javier, que las hubo y de ¡qué manera!, sólo decir que fui manoseado, cogido, sopesado, tirado al aire varias veces, ¡fotografiado! y subastado por Javier entre los de la fiesta… “El tapón del delito es subastado, precio de salida… Tu libertad”
¿Verdad que luzco elegante y feliz?
lunes, 7 de julio de 2014
Con locura
Por la noche, antes de dormir,
recuerdo cada instante a tu lado,
los que ya han pasado
o los que están por venir.
Con locura me late el corazón.
El tiempo parece eterno
desde que estoy a tu lado.
Y todo lo recordado
sería sin ti un infierno.
Con locura me late el corazón
si, apasionado, beso tu boca.
Tú las cartas repartes
y yo las he jugado
siendo apasionado
y feliz en todas partes.
Con locura me late el corazón
si, apasionado, beso tu boca,
tus labios son su sinrazón.
recuerdo cada instante a tu lado,
los que ya han pasado
o los que están por venir.
Con locura me late el corazón.
El tiempo parece eterno
desde que estoy a tu lado.
Y todo lo recordado
sería sin ti un infierno.
Con locura me late el corazón
si, apasionado, beso tu boca.
Tú las cartas repartes
y yo las he jugado
siendo apasionado
y feliz en todas partes.
Con locura me late el corazón
si, apasionado, beso tu boca,
tus labios son su sinrazón.
viernes, 4 de julio de 2014
Caminos separados
Alberto caminaba por Madrid en una soleada
mañana de verano, acababa de cumplir treinta años y se sentía en
plenitud, tanto física como emocional. Tenía trabajo, vivía de alquiler,
disfrutaba de sus horas de ocio en compañía de sus amigos y, debido a su belleza, no le faltaban aventuras amorosas siempre que lo deseaba.
Había tenido una infancia relativamente dura. Nacido y criado en un pequeño pueblo de Ávila, estudiaba y ayudaba a su familia en las labores del campo, lo que le dejaba poco tiempo para el ocio y las amistades. Pronto comprendió que aquél no sería el lugar donde pasaría el resto de su vida y con 18 años emprendió la aventura de vivir solo en Madrid.
Descubrió y disfrutó la ciudad, se descubrió y se disfrutó y, ahora, vivía sus mejores momentos de plenitud.
Carlota, cámara en ristre, fotografiaba todo lo que se movía o llamaba su atención, lo bello como ella y lo que no lo era tanto pero que siempre tenía un valor y un significado. A sus treinta y tres años su afición era su trabajo y era feliz, consigo misma y con el mundo, disfrutaba de cada momento como si fuera el último, sorbiendo cada instante y aspirando el aroma de la vida en cada esquina.
De familia con muchos posibles, padre juez y madre fiscal, fue encaminada durante su infancia y adolescencia a seguir la tradición familiar de la abogacía, pero se reveló y negó querer seguir ese camino, encontrando el suyo propio en la fotografía y en ver el mundo en dos y en tres dimensiones al mismo tiempo.
Captó su atención la bella figura que paseaba distraídamente por la calle, una presencia masculina sonriente: alto, cabello moreno y ligera barba oscura sobre su morena piel que resaltaba más por su vestimenta de un blanco radiante.
Disparaba su cámara de forma continua, captando la esencia del personaje, recreando cada movimiento y cada gesto, hasta que la proximidad fue tal que era imposible encuadrarlo. En ese momento, Alberto, que iba distraído, se giró bruscamente por el sonido provocado por una persiana al ser levantada y golpeó con su brazo la cámara de Carlota.
Ambos se miraron con intensidad y pronto afloró a sus labios una amplia sonrisa, reconociendo ambos a un alma gemela.
De suyo, esta historia acaba casi siempre en romance, pero esta vez no será, ya que nuestros personajes se encuentran paseando por Chueca y, como de todos es sabido, este fin de semana allí se celebra un evento sin par. Así que, Alberto que es gay confeso y Carlota que es lesbiana declarada, se miran, sonríen y disculpan y siguen sus caminos separados, pero no opuestos, casi paralelos.
Había tenido una infancia relativamente dura. Nacido y criado en un pequeño pueblo de Ávila, estudiaba y ayudaba a su familia en las labores del campo, lo que le dejaba poco tiempo para el ocio y las amistades. Pronto comprendió que aquél no sería el lugar donde pasaría el resto de su vida y con 18 años emprendió la aventura de vivir solo en Madrid.
Descubrió y disfrutó la ciudad, se descubrió y se disfrutó y, ahora, vivía sus mejores momentos de plenitud.
Carlota, cámara en ristre, fotografiaba todo lo que se movía o llamaba su atención, lo bello como ella y lo que no lo era tanto pero que siempre tenía un valor y un significado. A sus treinta y tres años su afición era su trabajo y era feliz, consigo misma y con el mundo, disfrutaba de cada momento como si fuera el último, sorbiendo cada instante y aspirando el aroma de la vida en cada esquina.
De familia con muchos posibles, padre juez y madre fiscal, fue encaminada durante su infancia y adolescencia a seguir la tradición familiar de la abogacía, pero se reveló y negó querer seguir ese camino, encontrando el suyo propio en la fotografía y en ver el mundo en dos y en tres dimensiones al mismo tiempo.
Captó su atención la bella figura que paseaba distraídamente por la calle, una presencia masculina sonriente: alto, cabello moreno y ligera barba oscura sobre su morena piel que resaltaba más por su vestimenta de un blanco radiante.
Disparaba su cámara de forma continua, captando la esencia del personaje, recreando cada movimiento y cada gesto, hasta que la proximidad fue tal que era imposible encuadrarlo. En ese momento, Alberto, que iba distraído, se giró bruscamente por el sonido provocado por una persiana al ser levantada y golpeó con su brazo la cámara de Carlota.
Ambos se miraron con intensidad y pronto afloró a sus labios una amplia sonrisa, reconociendo ambos a un alma gemela.
De suyo, esta historia acaba casi siempre en romance, pero esta vez no será, ya que nuestros personajes se encuentran paseando por Chueca y, como de todos es sabido, este fin de semana allí se celebra un evento sin par. Así que, Alberto que es gay confeso y Carlota que es lesbiana declarada, se miran, sonríen y disculpan y siguen sus caminos separados, pero no opuestos, casi paralelos.
jueves, 3 de julio de 2014
La tormenta
Vuelvo a casa en el tren de cercanías y,
llegando a Alcalá, observo a través de la ventanilla el fabuloso
espectáculo que me ofrece la naturaleza. Una gran tormenta descarga con
pavoroso esplendor sobre los Cerros, casi parece que el cielo se va a desplomar allí.
Imagino a esas nubes descargar lluvias torrenciales sobre el baldío, cortados, laderas y vaguadas de los Cerros y cómo se forman torrenteras que arrasan todo a su paso, arrastrando arcillas, calizas, yesos y margas, modificando los barrancos y cincelando los abruptos cortados, de nuevo, como ha venido ocurriendo durante milenios.
Hoy, una vez más, un alma angustiada se ha cruzado en mi camino. Durante su existencia, al igual que los Cerros, ha recibido lluvias torrenciales de emociones incontroladas que han cincelado su carácter y que han horadado cada uno de los aspectos que conforman su personalidad. Tras horas de una intensa y agotadora lucha he conseguido que se enfrente a su reflejo, que se produzca la catarsis necesaria para el reconocimiento de su orografía e inicie el arduo camino que le espera hasta conseguir aceptarse, quererse y transmitir “¡yo soy así!”. El resto de nosotros, a su alrededor, podremos contemplar otro único y maravilloso paisaje en armonía.
Imagino a esas nubes descargar lluvias torrenciales sobre el baldío, cortados, laderas y vaguadas de los Cerros y cómo se forman torrenteras que arrasan todo a su paso, arrastrando arcillas, calizas, yesos y margas, modificando los barrancos y cincelando los abruptos cortados, de nuevo, como ha venido ocurriendo durante milenios.
Hoy, una vez más, un alma angustiada se ha cruzado en mi camino. Durante su existencia, al igual que los Cerros, ha recibido lluvias torrenciales de emociones incontroladas que han cincelado su carácter y que han horadado cada uno de los aspectos que conforman su personalidad. Tras horas de una intensa y agotadora lucha he conseguido que se enfrente a su reflejo, que se produzca la catarsis necesaria para el reconocimiento de su orografía e inicie el arduo camino que le espera hasta conseguir aceptarse, quererse y transmitir “¡yo soy así!”. El resto de nosotros, a su alrededor, podremos contemplar otro único y maravilloso paisaje en armonía.
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