lunes, 9 de diciembre de 2013

Sí puedes

Noche gélida de otoño, salgo a la calle poco abrigado llevado por la prisa y los nervios del momento, en la mano una bolsa de basura y en su interior… ¡No! ¡No debo pensar en el contenido! Tengo que hacerlo y cuanto más pienso en ello peor me siento. Me acerco al contenedor de basura y miro alrededor… nadie, pero un leve movimiento en una ventana me pone alerta y me giro, continúo calle arriba, lejos de las miradas de vecinos o conocidos. Cuando me siento seguro me acerco a otro contenedor, abro la tapa y echo una última mirada al bulto de la bolsa antes de arrojarlo en su interior. El frio y la tensión me hacen castañear los dientes, acelero todo lo que puedo el paso para regresar a casa. Ya en el interior del portal me detengo un momento con el corazón acelerado, pensando en lo que he hecho, con remordimientos, justificaciones… Subo las escaleras lentamente, arrastrando los pies, como si mi cuerpo pesase el doble. Entro en casa y me acerco a la luz que apenas ilumina el rostro de mi mujer que me mira y pregunta – ¿Lo has tirado?, asiento débilmente con la cabeza. Se levanta, me abraza y, susurrando, me dice –Verás que esta vez sí puedes, dejarás de fumar, has hecho bien en tirar el tabaco que te quedaba.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Quizás


Érase una vez, un gatito callejero, escuálido como ninguno, desaliñado y torpón. Que, como tantos otros de su especie, fue abandonado en la calle un otoño. Desde entonces, andaba dando tumbos por ciudad, al principio se acercaba a todo aquello que tuviera dos patas; además de la comida, necesitaba las caricias y el mimo que una vez le prodigaron, pero poco a poco, a base de recibir palos, aprendió que aquellos seres tan altos y sabios no siempre estaban dispuestos a compartir cariño, por lo que finalmente sólo los huía.

Un buen día, descubrió a tres de estos seres tan extraños que se acercaban al lugar donde él dormitaba. La que parecía mandar en el grupo humano le llamó tiernamente y él, rápidamente, recordó lo que significaba esa llamada, la ternura que encerraba. Se acercó a ella expectante y, tras las primeras caricias, su ronroneo brotó muy de dentro, con el ansia de la necesidad.

Desde entonces el gatito Quizás disfruto de las charlas del humano, se extasió con el cariño que siempre brotaba de la humana y anheló no perder nunca de sus sueños la dulce sonrisa y mirada de la minúscula humana que siempre les acompañaba.

El origen de su nombre no está del todo claro, quizás fuera por su naturaleza felina, tantas veces desconocida para los humanos, que de ser tan distinta de la de los fieles perros, se la denominaba egoísta, cuando quizás era que los gatos, y aquel en concreto era un fiel exponente, daban por supuesto que el amor y cariño no es moneda de cambio, es un estado que siempre, independientemente de las circunstancias, está ahí, no hace falta demostrarlo a cada instante, quizás se lleva en la mirada o tan solo en el gesto, pero quizás, el gato Quizás esté equivocado…
 

lunes, 2 de diciembre de 2013

Navegar en ti


Tu silueta es el horizonte, tus cabellos las olas del mar, tu mirada la inmensidad del océano, tu boca el dulce susurro del viento… y yo quiero sumergirme en tu cuerpo, sentirme mecido por su calidez y navegar por tus sentimientos.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Me perdí


Hoy, por fin, te he visto, apenas unos segundos, el tiempo que tardabas en abrir la puerta del portal de la que era, hasta hace poco, nuestra casa, en la que ya no podré entrar. Te hice tanto daño que sólo con recordar tus lágrimas lloro por los dos. Te quise, te quiero y te querré, pero de nada valdrían mis palabras. Fui un estúpido, un engreído, un egoísta y mil cosas más. Ahora sólo puedo mirarte en la distancia o imaginarte: cuando éramos felices, cuando tus ojos eran mi cielo y tu boca mi locura. Me perdí y te perdí. Mi cielo, deseo con todas mis fuerzas que puedas ser feliz, yo no lo podré ser nunca más.

jueves, 21 de noviembre de 2013

El tulipán y la margarita


Una helada mañana invernal brotó en el jardín una pequeña margarita y, con los primeros rayos de sol, la flor se abrió. A su lado un sorprendido tulipán exclamó –¡Margarita, no deberías haber nacido ahora, la helada de la noche te matará!, y la margarita respondió –Es la semilla la que decide. Al caer la noche empezó a helar, la margarita sintió un frío intenso que quemaba, al tulipán que la observaba entristecido se le ocurrió que quizás doblándose pudiera cubrir a la margarita, pero vano el intento, su tallo era demasiado rígido, ya casi desesperado por la situación decidió soltar uno de sus pétalos para cubrir a la margarita. Por la mañana una leve brisa levantó el pétalo caído y el tulipán pudo comprobar, con satisfacción, que la margarita había sobrevivido. Entonces, para animarla, le contó la historia del Jacinto que se creía más bello que el Narciso. La siguiente noche el tulipán repitió la operación y por la mañana la historia de la Dalia olvidadiza le contó. Y así transcurrieron los días, pétalo va e historia viene, hasta que al tulipán ningún pétalo le quedó. Para entonces la margarita había madurado y sus semillas extendido.

Desde entonces, todos los inviernos, se produce en ese jardín una bella explosión de color con tulipanes y margaritas. Ríen y disfrutan contando historias de gladiolos, azucenas, jazmines o de la estirada flor de Pascua.


miércoles, 20 de noviembre de 2013

Lágrima solitaria


El ruido de la calle es cortado por el agudo sonar de la sirena de una ambulancia. Dentro yace ella en la camilla, apenas le queda un soplo de vida, su entendimiento, casi nublado, piensa en que no quiere ser salvada, no quiere, ni puede, vivir así… su marido la dejó por otra más joven, saco adelante a su hijo con mucho esfuerzo y dedicación, perdió el trabajo, fue desahuciada por el banco y su hijo la culpa de todo: la marcha de su padre, no tener dinero, no ser feliz… Ahora, tras cortarse las venas, todo sufrimiento acaba. Con el pitido que anuncia el final una lágrima se desliza desde su ojo. Nadie la llorará a ella, su exmarido dirá que por eso la dejó, que estaba perturbada y su hijo también la culpará de dejarle solo… ¿quién derramará una lágrima por ella?

martes, 19 de noviembre de 2013

Tengo una Amiga

Tengo una Amiga que ni huye, ni desvanece, al primer soplo de inquietud; no la esperas y aparece, la esperas y te engrandece; huele tu aroma, escucha tu palabra y atiende tu mirada; confía, ensalza, cree, ama, supera, toma, da, retorna, ... como una estrella, en la noche despejada, su brillo te acompaña siempre.

Tengo una Amiga...