martes, 10 de junio de 2014

Cada día te descubro

Cada día te descubro como si fueras un misterio,
archivo cada gesto y cada palabra atesorada,
me exalto de pasión, salto y rio sin criterio
por el matiz descubierto o por la mirada descifrada.


Porque deseo saberte casi de carrerilla…
 

¿Será esto amor o enamorado soy sin saberme la cartilla?

lunes, 9 de junio de 2014

El niño malaje

Te sueño y de tanto soñarte la realidad se me escapa o será que tu visión siempre me atrapa.

Te pienso y de tanto pensarte llega la locura o será la pasión que me despierta tu figura.

Te miro y de tanto mirarte la visión se me ciega o será el intenso deseo que me desasosiega.

Te amo y de tanto amarte tu ausencia me ahoga o será que mi corazón por el tuyo aboga.

Te siento y de tanto sentirte pierdo el sentido o será que el niño malaje era Cupido.

Incompleto

Paula sufrió, durante años, la incomprensión de cuantos la rodeaban, estaba inmersa en una vida de desprecio y maltrato por parte de su marido y no sabía cómo salir de ella, todos la decían que aguantara, que vendría tiempos mejores, que era su marido y a él se debía… Hasta que un día que se encontraba llorando, sentada en un banco del parque, se le acercó Arturo y le preguntó si podía ayudarla. Hablaron durante horas y allí se fraguó la mejor amistad que Paula pudo soñar.

Teresa nunca había conocido lo que era enamorarse, tuvo ilusiones adolescentes, vivencias juveniles y diversas parejas en las décadas siguientes, por ellas sintió aprecio y bastante cariño, lo cual le resultaba suficiente y la colocaba en una situación inmejorable cuando la pasión abandonaba la relación para ella también abandonar sin sentir un gran desapego, sin sufrir por desamor. Ahora había conocido a Diego, no sabía cómo había ocurrido, no podía decir nada especial sobre su físico o su inteligencia, nada que lo diferenciara de los hombres que hasta ahora había conocido, pero, a pesar de todo, se había enamorado, suspiraba por él, ansiaba estar a su lado, necesitaba de su mirada y sus caricias como nunca antes lo había necesitado, se sentía feliz, plena.

Laura contaba las horas y los minutos que quedaban para conectarse al chat y poder hablar con Nicolás. Su vida había sido, hasta el momento, un mero transitar, desde pequeña ningún hombre se fijó en ella, nada atractiva y con bastantes kilos de más, se sentía apartada y despreciada por todos, así que pronto aprendió que su único valor era ella misma, estudió, trabajó y disfrutó de los pequeños placeres que da la vida, sin desear querer o se querida. Desde que conoció a Carlos su vida adquirió otro sentido, por ahora sólo era un personaje virtual al que encontró en un chat, con el que pasaba horas y horas charlando sobre cualquier cosa, le llenaba tanto que había empezado a cuidarse, hacía dieta y deporte, se compraba cremas y potingues y ropa nueva, tenía la gran esperanza de que cuando se encontraran en la vida real Carlos se quedaría prendado de ella y serían felices.

Vicente se sentía el hombre más afortunado y, también, el más desgraciado del mundo, había conocido el amor, la entrega, el cariño, la amistad… pero no estaba completo, ya que cada una de esas experiencias no eran totalmente de él, eran de Arturo, de Diego y de Carlos… que eran él y a la vez eran otros. Amaba a Paula, adoraba a Teresa y necesitaba a Laura… así que no tenía otro remedio que ser los otros, tener cuidado y disfrutar de la vida con sus tres mujeres, las mujeres de su vida.


miércoles, 4 de junio de 2014

Meses han pasado

Anoche, saboreando la calma que ansía toda alma, miraba en el estanque la luna reflejada y sólo veía tu mirada, cuando dijiste… te quiero.

Meses han pasado,
quizás unos días,
desde que dijiste
que sí me querías.

Mi cuerpo temblaba de ternura y mi corazón, de emoción poblado, cual rio estaba desbordado, embargado… por la locura.

Meses han pasado,
quizás unos días,
desde que dijiste
que tú me querías.

Me abrazaste con fervor, como quien abraza un tesoro, te abracé sin temor, casi sin decoro, y en mis ojos… una lágrima de amor.

Meses han pasado,
quizás unos días,
desde que dijiste
que a mí me querías.

martes, 3 de junio de 2014

Porque tú lo vales

Cuando os hablé de enamorarse después de los 40 finalizaba diciendo “Estamos más y mejor preparados tanto para lo bueno como para lo malo”

Desde la psicología se aborda ese “estar preparado para lo malo” con el concepto «Resiliencia» que se define como la capacidad que tenemos para sobreponernos a situaciones adversas o a periodos de dolor emocional. En lenguaje más coloquial este concepto se corresponde aproximadamente con el de “entereza”. Esa capacidad es innata en el ser humano, ya que se observan altos grados de resiliencia en niños muy pequeños sometidos a situaciones adversas, pero no cabe duda que esta capacidad se va incrementando con el aprendizaje.

El dolor emocional que produce la ruptura de una relación en la que habíamos puesto todo nuestro “ser emotivo”, amando al otro, es muy intenso y llega a provocar verdaderas catástrofes en nuestro corazón y mente. Tendremos momentos de ira, de desesperación y de depresión, pasaremos fases de melancolía con grandes dosis de tristeza y enormes deseos de volver.

Todos conocemos las cinco fases en las que se divide el proceso de una ruptura: negación, ira, negociación, tristeza y aceptación.

Una persona resiliente tiene más posibilidades de resistir, adaptarse y fortalecerse ante este tipo de situaciones. Su éxito se basa en la creencia de que uno puede influir en lo que sucede a su alrededor y que se aprende de toda experiencia, teniendo clara la existencia de un propósito significativo en la vida, utilizando el apoyo social del que dispone a su alrededor comunicando sus sentimientos de manera adecuada, mostrando una mente abierta y receptiva a nuevas ideas, con independencia de pensamiento pero con una gran habilidad para dar y recibir en las relaciones con los demás y que, con su sentido de la responsabilidad, siendo disciplinados, soñadores y con alto sentido del humor pueden tolerar ese sufrimiento y así revertir lo negativo en positivo más rápidamente.

Cada uno de nosotros poseemos estas características en mayor o menor grado y no me cabe la menor duda de que si realizamos un trabajo correcto de introspección sabremos aprovechar y potenciar mejor nuestras capacidades y salir antes y más fortalecidos de un desengaño amoroso.

Como dice una sabia brujilla que conozco:

“Porque tú lo vales…”

viernes, 30 de mayo de 2014

Al azar

Al azar dejo pocas cosas: cuando deseo escucho, cuando anhelo busco, cuando quiero lucho, mi voluntad es como una gran riada.

Pero por dejar,
al azar dejé
tu primera mirada.

Al azar se le pide cordura y, ante la duda, buscamos destino por tener, a veces, el desatino de pensar que nuestra fortuna está cegada.

Pero por dejar,
al azar dejé
tu primera mirada.

Al azar se le invoca, se le desea y reprocha que por nuestra puerta no pase y que poco derrocha porque la suerte nos viene mal dada.

Pero por dejar,
al azar dejé
tu primera mirada.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Dos ramas

Tengo frente a mí un árbol con dos ramas. Esta primavera, en una de ellas no ha brotado hoja alguna, en la otra sí. La mutilación, que llaman poda, a la que se ven sometidos los árboles urbanos es tan brutal que el fenómeno no se hace extraño.

En muchas personas ocurre algo muy similar. Todos tenemos dos ramas: la emocional y la intelectual, que, con mejor o peor suerte, sabemos conjugar, complementándose. Pero la vida es tan dura que en bastantes ocasiones recibimos “podas” que hacen que nuestro lado emocional quede dañado, cuando no destruido.

Grandes desamores por: traiciones, engaños, simulaciones, intereses… , dejan el alma inane, sin ganas de volver a sentir aquello que tantas veces engrandece al ser humano: el amor. Nos volvemos pragmáticos, descreídos, escépticos… con todo lo concerniente a la vida sentimental, nos recubrimos, para protegernos, de un barniz impermeable a una dulce sonrisa y a unas palabras dulces, se nos endurece el corazón y vagamos por el mundo haciendo gala de ese “de esta agua no beberé”

Imposible no es, algo difícil sí, que esa rama vuelva a brotar esplendorosa. Nos decimos que así estamos mejor, sin sufrir, que eso es muy bonito pero que siempre daña y dentro, muy dentro, de nosotros ansiamos volver a sentirnos así. Se nos olvida que tanto tiempo como estemos “podados” tanto será en el que no disfrutemos de una mirada cómplice, de un beso “eléctrico”, de ilusiones, taquicardias y noches en vela pensando en el otro.

Cada cual es cada uno y cada uno es libre de hacer con su vida lo que quiera, sólo os pido que reflexionéis:

¿Es mayor el sufrimiento del desamor que el de tanto tiempo sin tener amor?

¿Vuestro equilibrio interior, sin amor, es real o de cara a la galería?

¿Por qué dejar esa rama seca?