miércoles, 30 de julio de 2014

¡Sube que te sube!

Muy bien acompañado dicen,
que allí estaba la otra noche,
que más parecía un derroche,
que casi de envidia maldicen.

Y yo orgulloso en extremo,
poniendo ojitos
¡con cara de memo!

Ella es de belleza evidente,
de felicidad plena su sonrisa,
de mirada pausada y precisa,
de cuerpo expresivo y ardiente.

Y yo hipnotizado y perdido,
casi asustado
y ¡muy aturdido!

Son sus movimientos serenos,
su porte casi felino al caminar,
su frescura es fácil de adivinar,
su saber estar en ojos ajenos.

Y yo flotando en una nube,
teniendo el ego
¡sube que te sube!

lunes, 28 de julio de 2014

Madre adolescente

Como madre adolescente,
a su hijo le quitaron
y sus lágrimas acallaron,
dejando su corazón doliente.

La pena casi la mata,
la agonía fue su sino,
aunque tuvo el tino
de querer ser su tata.

“Mi hijo, mi devoción,
te quiero con el alma
y te canto esta canción”

Y a su bebé, a escondidas,
cantando dio el pecho,
quedando el bebé satisfecho,
con nanas embellecidas.

El niño fue creciendo,
y, con él, su adoración,
con absoluta dedicación
y sus corazones uniendo.

“Mi hijo, mi devoción,
te quiero como a la vida
y eres mi inspiración”

De hombre ya se le trata,
al matrimonio llegó,
y el altar de lágrimas regó
al ver llorar a su tata.

Cuando él un hijo tuvo,
su tata le malcriaba,
las nanas le cantaba
y con él siempre estuvo.

“Mi nieto, mi devoción,
te quiero con locura
y eres mi salvación”

viernes, 25 de julio de 2014

Soledad

Soledad… Qué bonita palabra cuando es buscada para la creación, investigación, meditación..., llega a ser placentera y productiva. Pero cuando ésta no es deseada se convierte en una losa que nos aplasta y fulmina.

Hoy día, la más común de las soledades es la causada por el aislamiento emocional, que puede ser voluntario o no. La soledad escogida suele tener sus raíces en nuestro inmediato pasado y me remito al dicho: “prefiero estar solo que mal acompañado”, suele ser un intento de desconexión para eliminar la angustia y los desencantos sufridos. La soledad no escogida se deriva del sentimiento que tenemos de no tener a nadie con quien contar, que la gente que nos rodea no nos conoce de verdad, consecuencia de no tener una o varias figuras de apego o, teniéndolas, no es recíproco o no lo es con la intensidad que nosotros deseamos.

A veces, nos podemos sentir solos, incompletos, a pesar de estar rodeados de cariño y afecto, por no reconocerlo y evaluarlo correctamente. Suele suceder después de alguna experiencia traumática o compleja, en la que no nos hemos sentido suficientemente apoyados por nuestro entorno, nos ha faltado la fortaleza de poder asumir la situación nosotros mismos y al buscar dónde apoyarnos sólo hemos encontrado el vacío, la desidia, cuando no el abandono. En estas ocasiones, somos nosotros mismos los que inconscientemente provocamos esa desconexión para no sentir angustia y lo que en realidad ocurre es que la promovemos más.

Hay quienes abogan para este tipo de situaciones en volver al interior, en quererse más a uno mismo, en un reconocimiento de nuestro yo interior y real, sin matizaciones sociales, para, una vez conseguido esto, volver al exterior reforzado y poder querer a los demás.

No estoy completamente de acuerdo con este criterio, ya que, sin un control preciso, se puede traducir la situación a una exacerbación del egoísmo innato en el ser humano. Así, como en tantos otros aspectos de la vida, me parece esencial el equilibrio, en emparejar adecuadamente verbos: dar y recibir, hablar y escuchar, aceptar y comprender… y en utilizar tantos otros que tenemos a mano en nuestra relaciones con los que nos rodean: querer, acariciar, implicar, sentir, confiar… En definitiva: simbiosis con otros seres humanos.

Tenemos que comprender que la solución está en nosotros, que de nuestra actitud se va a derivar la retroalimentación que recibiremos. Debemos tener gente a nuestro alrededor en la que confiemos, con la que nos sintamos seguros y protegidos, aliviados y comprendidos, pero para ello otras personas se deberán sentir así porque nosotros lo somos, a su vez, para ellos.

Caminan juntos

Nati caminaba presurosa por los pasillos del supermercado, denotaba urgencia. Iba pensando en todo lo que le quedaba por hacer antes de llegar a casa y era consciente de que hoy se había impuesto demasiada tarea, así que algo tendría que dejar para mañana. Era su sino desde jovencita, dejar algo para mañana y el mañana era siempre.

Desde que se casó la urgencia se instaló en su vida. Su marido nada hacía en el hogar, sólo trabajaba y eso cuando tenía trabajo, agravándose con la llegada de los hijos. Así que, su enamoramiento se fue apagando como quién apaga velas con los dedos, mojándolos para no sufrir y cerrándolos en torno a la llama, pero que lo hace de una forma consciente, no lo deja al azar de un soplido que puede que tengas que repetir. Finalmente, se deshizo de cualquier servidumbre emocional y se divorció.

Félix era un soñador, de esos que van por la vida con la mirada perdida, casi flotando. Todo le parece bien, se amolda en cada instante a cada circunstancia, sin prisas, ni urgencias, que le alteren el ánimo, es, sin lugar a dudas, y a pesar de las malas experiencias, un hombre feliz que toma todo en sorbos pequeños, sin atragantarse, deleitándose en las experiencias y con las sensaciones que en él despiertan.

Tiene un pasado peculiar, en materia amorosa, siempre quiso y se dejó querer, pero nunca alcanzó el éxtasis que supone sentirse enamorado. Sus romances poco duraban, ya que miraba y admiraba a cualquier mujer que se le acercaba.

Nati y Felix alargan la mano y cogen, al unísono, el mismo bote de la estantería del supermercado. Se miran: ella con gesto hostil, como quien mira a un competidor que llega al mismo tiempo a la meta; el con sorpresa, hay algo en el rostro de esa mujer que le confunde, parece una amalgama de todos los rostros femeninos a los que ha querido y ve los ojos de Elena, la nariz de Marta, los pómulos de Eva… cada detalle le recuerda a otra.

Felix retira, lentamente, la mano del bote y pide disculpas –Lo siento, llegaste tú primero.

Nati, al oír esa profunda voz varonil, siente un escalofrío que le recorre la espalda. Ahora se fija detenidamente en su rostro y le parece estar viendo un ángel que transmite serenidad.

Sin reparar en ello, caminan juntos hacia la caja. Pasa ella y, mientras él lo hace, se demora repasando el ticket de compra.

Felix se detiene junto a Nati, espera a que le mire y pregunta –¿Tienes tiempo para tomar un café. Ella apenas asiente con una dulce sonrisa en su rostro. Caminan juntos, esta vez sí son conscientes de la presencia ajena y más, mucho más, desde que un leve, y fortuito, roce de sus antebrazos les electrifica, sintiendo, como si fueran imanes, una fuerte atracción por el otro.



jueves, 24 de julio de 2014

Eres Dulcinea

Equivocada estás si lo piensas,
que mi locura es por caballería,
yo te digo ¡no!, es una avería
por tener emociones intensas.

Desde que te vi todo es más claro,
eres, ¡sí!, la mujer de mi sueño
y por el mundo vago risueño
porque con mis ojos amor declaro.

Nada, si vivo, me podrá detener,
montado a lomos de Rocinante
o en cualquier coche alucinante,
si tu amor yo consigo obtener.

Eres Dulcinea por mi locura,
yo seré tu caballero andante
y lucharé con cualquier gigante
para poder conquistar tu ternura.

Del Toboso, ni en locura, serás.
El Guadalquivir grita ¡sevillana!,
de mí, hija pródiga y lejana.
Y, al recordar tu tierra, ¡llorarás!

Tu llanto conmueve a mi corazón
y eso me provoca tal espanto
que a Sevilla molinos trasplanto
o, sin más, allí recupero la razón.

martes, 22 de julio de 2014

A medias tintas

A medias tintas me dijeron que mejor era quedarse, en los aspectos de la vida, que el poco compromiso menos quebraderos de cabeza me darían y, así, relajado viviría. Equivocados estaban quienes, al oído, me recitaban “toma la vida con desapego, al dolor y amor ajeno debes estar ciego”

A medias tintas no me quedo, si puedo, en el trabajo, la amistad o el amor. Siempre escribo con trazo gordo y con tinta de la buena, mis palabras son verdad y mis actos no dan pena.

A medias tintas no trabajo y como máxima tengo que hagas lo que hagas hazlo con desparpajo, sino no lo empieces que sólo harás chapuzas y, a buen seguro, te tratarán de gentuza.

A medias tintas no me encontrarás si quieres ser amigo, ya que creo en la amistad, siendo incondicional en las malas o en las buenas. Si sufres lo compartiré, si ríes también lo haré, siempre que lo necesites mi mano te sujetará y de tu dicha la mía se alegrará.

A medias tintas el amor no fluye, ni dura, ni perdura, ni así se construye. Amar es entrega y devoción, pasión y ternura, deseo ardiente y cariño ferviente, comprensión, estima y admiración. Querer es dar y recibir, sentirte uno con el otro, y es, siendo conciso, por encima de todo, compromiso.

lunes, 21 de julio de 2014

Noche plácida de verano

Noche plácida de verano, te miro, mientras paseamos, y te veo en paz, tus gestos son de calma y de tranquilidad. Charlamos, con una copa de vino en la mano, y transmites felicidad.

A la luz de las velas te miro, sin cesar, mientras me cuentas tu verdad, lo que ha pasado o lo que pasará. Las horas pasan como si los minutos nos envolvieran y girasen alrededor, se para el tiempo, se diluye el espacio, casi somos pura energía, pero me haces volver del ensueño porque tus caricias son la realidad.
Ahora te vuelvo a mirar, ¿eres de verdad?, la duda me atrae y me conmueve, pareces un milagro, de esos que no existen, ni existirán. Eres de carne y hueso pero te siento poesía o quizás fantasía, te intuyo como aroma y también como un color o más como arcoíris de amor, te percibo como risa o te imagino como mirada que me arropa y desnuda el alma, poniendo la calma donde anidaba el fragor.