La
sinestesia es la interferencia de varios tipos de sensaciones de
diferentes sentidos en un mismo acto perceptivo. Así, si no eres
sinésteta, no podrás oír colores o ver sonidos, salvo, claro está, que
estés enamorado.
La alteración sensorial que se produce durante
el enamoramiento es muy llamativa, desde la distorsión en la percepción
temporal, la idealización del otro, la obsesión por pasar cada
momento a su lado, la ansiedad por estar junto a ella o la angustia por
su ausencia, la ilusión por agradar al ser amado, hasta el pulso
acelerado, sudoración, risa floja, taquicardia o mariposas en el
estómago, conforman un cuadro alterado en el que “todo es posible”.
Los más diréis que eso a vosotros no os va a pasar, que es cosa de la
adolescencia y de la procreación y que vosotros ya habéis procreado lo
debido. Los menos os podrán decir no lo equivocados que estáis sino lo
que os perdéis.
Volviendo al inicio, me gusta oír el tono
musical del color de sus ojos, ver las imágenes formadas por el sonido
de sus palabras, percibir con el tacto de mis dedos el sabor de su boca y
al oler su piel sentir esa explosión de color que me ciega.
martes, 18 de marzo de 2014
lunes, 17 de marzo de 2014
Paraíso encendido
Tenue
y embriagador aroma de flores, ojos dulces y penetrantes que, con una
leve mirada, te desnudan el alma, sonrisa pícara desde la que asoman
unos dientes marfileños y cabello dorado con reflejos angelinos que la
ligera brisa de la mañana mece.
Un pétalo de la flor del almendro se mueve inquieto en el aire y, por unos segundos, siento como si su figura fuera extraña, fuera de tiempo y de lugar, sólo un sueño primaveral que se desvanecerá al caer la tarde y del que apenas quedará el recuerdo de su rostro en mi memoria.
Alzo mi copa, admirando el baile de burbujas y aspirando el intenso aroma frutal, y el sonido de nuestras copas al chocar me trae de nuevo a la realidad o al sueño o al delirio, sus ojos me miran y los miro, sus labios me besan y los beso y un escalofrío recorre mi ser.
No sé si es mi rostro o es mi alma la que sonríe, la sensación es tan intensa que apaga los sentidos, quedando sólo la necesidad, el anhelo y el deseo de sus labios, de ese paraíso encendido y carnal que me transporta a este cielo terrenal que transito por estar a su lado.
Un pétalo de la flor del almendro se mueve inquieto en el aire y, por unos segundos, siento como si su figura fuera extraña, fuera de tiempo y de lugar, sólo un sueño primaveral que se desvanecerá al caer la tarde y del que apenas quedará el recuerdo de su rostro en mi memoria.
Alzo mi copa, admirando el baile de burbujas y aspirando el intenso aroma frutal, y el sonido de nuestras copas al chocar me trae de nuevo a la realidad o al sueño o al delirio, sus ojos me miran y los miro, sus labios me besan y los beso y un escalofrío recorre mi ser.
No sé si es mi rostro o es mi alma la que sonríe, la sensación es tan intensa que apaga los sentidos, quedando sólo la necesidad, el anhelo y el deseo de sus labios, de ese paraíso encendido y carnal que me transporta a este cielo terrenal que transito por estar a su lado.
lunes, 10 de marzo de 2014
Progresar adecuadamente
Ya hemos consumido 68 días de este año, desde
el primer día del mismo nos propusimos nuevos retos, creamos ilusiones y
nos dijimos que, esta vez sí, cumpliríamos algunos. Ha llegado el
anuncio de la primavera, hemos tenido unos días cálidos
que nos han sacado del letargo invernal y que nos han animado a
desempolvar esos proyectos no iniciados todavía: dejar de fumar, ser más
constantes, ilusionar a nuestra pareja, encontrar a esa persona que nos
llene, tener trabajo, hacer ejercicio… y en el horizonte tenemos las
primeras vacaciones, las de Semana Santa.
Si pudiéramos poner esas 68 oportunidades en grupos evaluables desde el muy deficiente al excelente, la mayoría, con suerte, se quedarían en el grupo de “suficiente”, ya que, como todo sistema, tendemos al equilibrio, procuramos no instalarnos en los extremos: en el caso del notable al excelente porque para ello las energías y el tiempo que tenemos que dedicar nos echan para atrás; en el caso del deficiente al muy deficiente por lo mal que acabamos sintiéndonos. Nos amoldamos a rutinas, a la estabilidad, a todo aquello que nos facilita no tener sobresaltos. No digo que esto, en sí mismo, se malo, pero creo que no ponemos el suficiente empeño, ganas, actitud, trabajo… en mejorar nuestro entorno.
Cuando se acerca la primavera, año tras año, acude a nosotros la “temperatia” del clima, el equilibrio entre lo cálido y lo frío y nosotros buscamos la “templanza”, el equilibrio o la armonía interna y nos repetimos que la moderación nos procura equilibrio.
Después de estos 68 días nos podríamos preguntar:
¿Cuántas veces hemos hecho un regalo “porque sí”?
¿Cuántos poemas o historias hemos recitado o contado para sacar una sonrisa o una mirada ilusión?
¿Cuántas veces hemos halagado a nuestros seres queridos?
¿Cuántas visitas inesperadas hemos realizado?
¿Cuántas veces hemos repartido cariño desinteresado?
¿Cuántas miradas de complicidad hemos puesto?
…
Nuestro entorno y el caos de la vida diaria ya se encargan de proporcionarnos, sin pedirlo, el malestar suficiente. El bienestar es más arduo y trabajoso, hay que dedicarle muchas energías, pero si no lo hacemos nosotros nadie nos lo va a hacer.
Trabajemos la templanza, sí, pero en base a dar: sonrisas, besos, caricias, sorpresas, halagos, amor, seguridad, apoyo, compañía… y nuestro próximo periodo podremos calificarlo como notable o excelente o ¿no os gusta “progresar adecuadamente”?
Si pudiéramos poner esas 68 oportunidades en grupos evaluables desde el muy deficiente al excelente, la mayoría, con suerte, se quedarían en el grupo de “suficiente”, ya que, como todo sistema, tendemos al equilibrio, procuramos no instalarnos en los extremos: en el caso del notable al excelente porque para ello las energías y el tiempo que tenemos que dedicar nos echan para atrás; en el caso del deficiente al muy deficiente por lo mal que acabamos sintiéndonos. Nos amoldamos a rutinas, a la estabilidad, a todo aquello que nos facilita no tener sobresaltos. No digo que esto, en sí mismo, se malo, pero creo que no ponemos el suficiente empeño, ganas, actitud, trabajo… en mejorar nuestro entorno.
Cuando se acerca la primavera, año tras año, acude a nosotros la “temperatia” del clima, el equilibrio entre lo cálido y lo frío y nosotros buscamos la “templanza”, el equilibrio o la armonía interna y nos repetimos que la moderación nos procura equilibrio.
Después de estos 68 días nos podríamos preguntar:
¿Cuántas veces hemos hecho un regalo “porque sí”?
¿Cuántos poemas o historias hemos recitado o contado para sacar una sonrisa o una mirada ilusión?
¿Cuántas veces hemos halagado a nuestros seres queridos?
¿Cuántas visitas inesperadas hemos realizado?
¿Cuántas veces hemos repartido cariño desinteresado?
¿Cuántas miradas de complicidad hemos puesto?
…
Nuestro entorno y el caos de la vida diaria ya se encargan de proporcionarnos, sin pedirlo, el malestar suficiente. El bienestar es más arduo y trabajoso, hay que dedicarle muchas energías, pero si no lo hacemos nosotros nadie nos lo va a hacer.
Trabajemos la templanza, sí, pero en base a dar: sonrisas, besos, caricias, sorpresas, halagos, amor, seguridad, apoyo, compañía… y nuestro próximo periodo podremos calificarlo como notable o excelente o ¿no os gusta “progresar adecuadamente”?
martes, 4 de marzo de 2014
La gitana bella
Cuenta una historia gitana que llegó a Jerez
de la Frontera un apuesto galán castellano y que, cierta noche, acudió
al tablao El lagá del Tío Parrilla. El cante flamenco le llenó el alma y
el movimiento de la bailaora le transportó a un estado de ensueño. Pronto quedó prendado de tan bella gitana y a nadie extrañó porque antes nada más bello aquella tierra vio.
Todas las noches el galán acudía al tablao colmando de atenciones y regalos a la joven gitana, hasta que ésta, por fin, accedió a pasear por la ciudad con él, con una sonrisa de ilusión en su bello rostro. Desde entonces paseaban a diario por Jerez y, poco a poco, el amor fue creciendo en ellos.
Tan bella era la estampa de ver a tan hermosa pareja que las calles de Jerez se animaban a su paso. Este evento atrajo la atención de un rico bodeguero y, también, quedó prendado por la gitana. Su mente se cegó de tal manera que mandó a cuatro de sus más fieles y robustos trabajadores que dieran una gran paliza al galán y lo arrojaran fuera de la ciudad y que, hecho esto, le trajeran a su finca a la joven.
Cuando la tuvo ante él, con toda crudeza le dijo lo que había mandado hacer y que si no se avenía a estar con él mandaría matar al castellano. La joven gitana no varió su rostro al decirle que nada le importaba el castellano y que le sería grato estar a su lado.
La gitana le animó a que fueran a la habitación y allí le encandiló con los movimientos que de tan natural salían de su cuerpo. Cuando ya tuvo al bodeguero en la cama agarró con firmeza su virilidad y de un certero tajo le desposeyó de ella.
Aprovechando el tumulto que se formó por los gritos animales del bodeguero, cogió un caballo y al galope se dirigió al encuentro de su amado, encontrándole mal herido y ensangrentado en un camino. Lo subió al caballo y trotó con él hacia la Sierra de Grazalema, donde conocía un paraje escondido en el que sanar y cuidar de su amado.
Cuenta una historia gitana que la gitana bella con su amor vivió y que, desde entonces, los bodegueros de la región de su hombría mucho cuidado tuvieron.
Todas las noches el galán acudía al tablao colmando de atenciones y regalos a la joven gitana, hasta que ésta, por fin, accedió a pasear por la ciudad con él, con una sonrisa de ilusión en su bello rostro. Desde entonces paseaban a diario por Jerez y, poco a poco, el amor fue creciendo en ellos.
Tan bella era la estampa de ver a tan hermosa pareja que las calles de Jerez se animaban a su paso. Este evento atrajo la atención de un rico bodeguero y, también, quedó prendado por la gitana. Su mente se cegó de tal manera que mandó a cuatro de sus más fieles y robustos trabajadores que dieran una gran paliza al galán y lo arrojaran fuera de la ciudad y que, hecho esto, le trajeran a su finca a la joven.
Cuando la tuvo ante él, con toda crudeza le dijo lo que había mandado hacer y que si no se avenía a estar con él mandaría matar al castellano. La joven gitana no varió su rostro al decirle que nada le importaba el castellano y que le sería grato estar a su lado.
La gitana le animó a que fueran a la habitación y allí le encandiló con los movimientos que de tan natural salían de su cuerpo. Cuando ya tuvo al bodeguero en la cama agarró con firmeza su virilidad y de un certero tajo le desposeyó de ella.
Aprovechando el tumulto que se formó por los gritos animales del bodeguero, cogió un caballo y al galope se dirigió al encuentro de su amado, encontrándole mal herido y ensangrentado en un camino. Lo subió al caballo y trotó con él hacia la Sierra de Grazalema, donde conocía un paraje escondido en el que sanar y cuidar de su amado.
Cuenta una historia gitana que la gitana bella con su amor vivió y que, desde entonces, los bodegueros de la región de su hombría mucho cuidado tuvieron.
viernes, 28 de febrero de 2014
Mirada de amor
Cuando, en la mañana, mi amor despierta, con
esa placidez que su cara refleja, me acerco a ella y le digo, con voz
tenue –Doy gracias al universo y al caos porque estés a mi lado, por
sentirme así, por adorarte… Me haces muy feliz. Entonces,
su rostro se ilumina con una sonrisa mientras abre los ojos y su mirada
me habla de amor. Nos besamos con ternura y me siento transportado en
el tiempo y el espacio hacia un paraíso de luz y de color.
A cualquier hora del día, cuando nuestras miradas se encuentran, con la profundidad que da mirar a unos ojos que te hablan de amor, nos volvemos a besar, como si no existiera el ahora o el mañana, sólo existe el otro, la entrega y el sentir, y sientes que nada más importa. Su alma, su corazón, todo su ser, es cariño y pasión.
Cuando el sueño empieza a vencernos y mis manos recorren, como una pluma, las suyas, la beso con entrega y la digo, mientras acaricio su rostro –Gracias mi amor por otro maravilloso día a tu lado, gracias por permitirme compartir la vida contigo, si mi corazón fuera la Luna siempre estaría llena y giraría como un satélite alrededor del tuyo.
A cualquier hora del día, cuando nuestras miradas se encuentran, con la profundidad que da mirar a unos ojos que te hablan de amor, nos volvemos a besar, como si no existiera el ahora o el mañana, sólo existe el otro, la entrega y el sentir, y sientes que nada más importa. Su alma, su corazón, todo su ser, es cariño y pasión.
Cuando el sueño empieza a vencernos y mis manos recorren, como una pluma, las suyas, la beso con entrega y la digo, mientras acaricio su rostro –Gracias mi amor por otro maravilloso día a tu lado, gracias por permitirme compartir la vida contigo, si mi corazón fuera la Luna siempre estaría llena y giraría como un satélite alrededor del tuyo.
jueves, 27 de febrero de 2014
El guardaespaldas
Hubo una vez, en la corte del reino, un
guardaespaldas, apodado Nico (por aquello de ni comes ni dejas comer,
que le decían sus colegas) que, en su primera misión, se le encomendó la
protección y custodia de la Dama Lola Flores, ¡la Lola de España! (¡ah, no! eso no es de este cuento) en una fiestuqui nocturna, en lo más alto de la más alta torre del reino.
Como buen profesional, lo primero que comprobó Nico era la dificultad de su misión, ya que el local estaba abarrotado por una fauna rugiente y muy dada a las trayectorias de intersección con las damas. Lo peor para él fue cuando le presentaron a la Dama Lola, en un acto que se puede calificar de poco profesional, cerró completamente la visión periférica y volcó toda su atención en ella: era espectacular, la más bella dama conocida, sonriente, amable, sensual…, quedó como petrificado y tan solo pudo articular un ¿¡hoooolaaa!? Cuando pudo reaccionar supo que la misión más importante de su vida se iniciaba allí.
Desde entonces asistió a todos los eventos lúdico-festivos de la corte en los que la Dama Lola requería su presencia. Como buen profesional que era siempre un paso por detrás y uno a la izquierda de su protegida, escrutándolo todo y aplicando su dura mirada a aquellos que se acercaban demasiado, atento a cualquier incidencia que pudiera perturbarla, incluyendo su estado de ánimo.
Horas y horas en las que pudieron charlar de lo humano y lo divino. La admiración inicial de Nico dio paso a un incipiente enamoramiento que perturbaba ligeramente sus sentidos, hasta tal punto que fue encontrado una vez paseando a un perro, pero del perro sólo llevaba la correa, otras se le encontró perdido en la ciudad sin saber cómo había llegado hasta allí, dicen que fue visto con la cabeza apoyada en la barra de un bar observando cómo ascendían las burbujas de su cerveza y los más hicieron la observación de que parecía que flotara al andar, como si estuviera en una nube.
Como buen profesional, se sabía de memoria la película “El Guardaespaldas” y sabía los errores que no debía cometer y que, en la misión más importante de su vida, no debía fracasar. Desde entonces se aplicó, como nunca se había aplicado, en proteger, complacer, animar y, sobre todo, en encandilar a la Dama Lola. Hasta que un día ella le abrió su corazón.
Y este cuento, como un buen cuento que se precie, no debe tener un final cerrado… y comieron perdices, gambas y solomillos, aunque también huevos rotos con patatas y sopas de ajo… Dicen que ahora se les ve pasear por el reino, él un paso a la izquierda pero ya no un paso por detrás, van cogidos de la mano y mirándose como se deben mirar dos enamorados.
Como buen profesional, lo primero que comprobó Nico era la dificultad de su misión, ya que el local estaba abarrotado por una fauna rugiente y muy dada a las trayectorias de intersección con las damas. Lo peor para él fue cuando le presentaron a la Dama Lola, en un acto que se puede calificar de poco profesional, cerró completamente la visión periférica y volcó toda su atención en ella: era espectacular, la más bella dama conocida, sonriente, amable, sensual…, quedó como petrificado y tan solo pudo articular un ¿¡hoooolaaa!? Cuando pudo reaccionar supo que la misión más importante de su vida se iniciaba allí.
Desde entonces asistió a todos los eventos lúdico-festivos de la corte en los que la Dama Lola requería su presencia. Como buen profesional que era siempre un paso por detrás y uno a la izquierda de su protegida, escrutándolo todo y aplicando su dura mirada a aquellos que se acercaban demasiado, atento a cualquier incidencia que pudiera perturbarla, incluyendo su estado de ánimo.
Horas y horas en las que pudieron charlar de lo humano y lo divino. La admiración inicial de Nico dio paso a un incipiente enamoramiento que perturbaba ligeramente sus sentidos, hasta tal punto que fue encontrado una vez paseando a un perro, pero del perro sólo llevaba la correa, otras se le encontró perdido en la ciudad sin saber cómo había llegado hasta allí, dicen que fue visto con la cabeza apoyada en la barra de un bar observando cómo ascendían las burbujas de su cerveza y los más hicieron la observación de que parecía que flotara al andar, como si estuviera en una nube.
Como buen profesional, se sabía de memoria la película “El Guardaespaldas” y sabía los errores que no debía cometer y que, en la misión más importante de su vida, no debía fracasar. Desde entonces se aplicó, como nunca se había aplicado, en proteger, complacer, animar y, sobre todo, en encandilar a la Dama Lola. Hasta que un día ella le abrió su corazón.
Y este cuento, como un buen cuento que se precie, no debe tener un final cerrado… y comieron perdices, gambas y solomillos, aunque también huevos rotos con patatas y sopas de ajo… Dicen que ahora se les ve pasear por el reino, él un paso a la izquierda pero ya no un paso por detrás, van cogidos de la mano y mirándose como se deben mirar dos enamorados.
lunes, 24 de febrero de 2014
Ilusión
Ilusión, intensa sensación o es ¿emoción? ¿estado? ¿irrealidad?
Desde la dulce sonrisa de un bebé al ver a su madre, la cara iluminada de un niño en la mañana de reyes, el adolescente deseo de una esquiva mirada, el proyecto en común de unos recién casados, el ferviente anhelo de un embarazo… La ilusión es una constante humana, alimenta el alma, encumbra los sentidos, barniza y mantiene esos gratos estados de ánimo que deseamos y perdemos, olvidamos y recordamos.
La ilusión es ese intenso y grato estado emocional que es alimentado por el abotargamiento que producen los sentimientos en nuestra claridad perceptiva, se contrapone a lo cerebral convirtiéndose en el aliento de nuestras acciones menos reflexivas.
Estar al lado de la persona objeto de nuestros sueños y mirarla con un brillo de ilusión en los ojos habla de emoción, de nuestro estado, de la nube en la que nos encontramos, pero, sobre todo, habla de amor, del que ya llegó o del que está por venir.
Desde la dulce sonrisa de un bebé al ver a su madre, la cara iluminada de un niño en la mañana de reyes, el adolescente deseo de una esquiva mirada, el proyecto en común de unos recién casados, el ferviente anhelo de un embarazo… La ilusión es una constante humana, alimenta el alma, encumbra los sentidos, barniza y mantiene esos gratos estados de ánimo que deseamos y perdemos, olvidamos y recordamos.
La ilusión es ese intenso y grato estado emocional que es alimentado por el abotargamiento que producen los sentimientos en nuestra claridad perceptiva, se contrapone a lo cerebral convirtiéndose en el aliento de nuestras acciones menos reflexivas.
Estar al lado de la persona objeto de nuestros sueños y mirarla con un brillo de ilusión en los ojos habla de emoción, de nuestro estado, de la nube en la que nos encontramos, pero, sobre todo, habla de amor, del que ya llegó o del que está por venir.
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